Luis Eduardo Martínez: “Los chilenos votan y Almagro muta”

Luis Eduardo Martínez: “Hasta el infinito y más allá”

El 4 de septiembre de 1970 Salvador Allende obtuvo la primera minoría en las elecciones presidenciales de Chile. Había sido candidato en tres ocasiones anteriores para finalmente vencer con 36,30 % de los votos válidos emitidos a su rival más cercano, Jorge Alessandri quien logró 35,29 %, es decir por sólo 1,01 % de diferencia. Radomiro Tomic, tercero en disputa, alcanzó 28,08 % mientras que la participación fue muy buena con apenas 16,30 % de abstención.

La constitución vigente entonces consagraba que, si ninguno de los candidatos a presidente obtenía la mayoría absoluta, la elección debería ser perfeccionada por el Congreso pleno entre los dos que obtuvieran la más alta votación. A pesar de que los adversarios de Allende eran mayoría en el Congreso se respetó la decisión popular y mes y medio más tarde el 78,38 % de los parlamentarios ratificaron el triunfo de Allende.

Tras tres años de gobierno, marcados por los radicalismos, la confrontación y la inexistencia de consensos tan necesarios en una sociedad hiperpolarizada, las fuerzas armadas dieron al traste con el gobierno socialista y Allende murió en el palacio de La Moneda bajo el fuego del Ejército y la Aviación chilena.

La incapacidad de entenderse llevó a la dictadura de Pinochet que se extendió poco más de diez y seis años y que finalmente concluyó con los chilenos votando.

El 5 de octubre de 1988, convocado por la propia dictadura y bajo sus condiciones, se celebró el plebiscito que resolvería sobre la permanencia de Pinochet en el poder. Meses de debate de las oposiciones acerca de la legitimidad de la consulta y las condiciones en las que se realizaba precedieron a la decisión de acudir a las urnas a las cuales se volcaron el 97,53 % de los chilenos venciendo, 55,99 % a 44,01 %, la opción “No” que activaba el proceso de salida del régimen y la elección de un nuevo presidente.

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Meses después, sin disparar un tiro, Pinochet abandonaba la presidencia y Patricio Aylwin, candidato de la más amplia coalición política, resultó electo aplastando con 55,17 % de los sufragios al abanderado pinochetista, Hernán Buchi, quien cosechó 29,40 % de la votación.

En siete ocasiones posteriores, sin sobresaltos, los chilenos eligieron presidentes y parlamentarios en procesos conceptuados como ejemplo en Latinoamérica. A Aylwin, siguieron Frei, Lagos, Bachelet, Piñera, Bachelet otra vez, Pinera de nuevo y finalmente Gabriel Boric luego de un tiempo convulso en un país que era referente de crecimiento económico, baja inflación, seguridad para la inversión -en buena medida herencia del modelo pinochetista que legó junto con la constitución- pero que terminó descuidando la inclusión social.

Las violentas protestas que marcaron el segundo gobierno de Piñera fueron saldadas en un acuerdo nacional que llevó primero a un plebiscito y posteriormente a la elección de una Convención Constitucional cuya misión era redactar una nueva constitución lo que efectivamente hizo que debía ser sometida a consideración del pueblo chileno en un siguiente plebiscito.

Los chilenos fueron llamados una vez mas a votar el pasado domingo para decidir si aprobaban o rechazaban el proyecto de constitución y a pesar del apoyo decidido del presidente de meses, Gabriel Boric, y su gobierno, el rechazo fue contundente y hoy comienza un nuevo proceso cuya marca pareciera ser la voluntad de entenderse.

VOTANDO CHILE, VOLVIÓ A EXPRESARSE EN PAZ

Empiezan a publicarse tempranos análisis acerca de porque los chilenos rechazaron el proyecto presentado con lo que siguen sujetos al texto herencia de Pinochet. Luego, seguramente, escribiré sobre lo que puede haber ocasionado estos resultados y sus consecuencias pero hoy solo quiero destacar el valor del voto, de como los chilenos han demostrado una y otra vez que votando, y a la par entendiéndose, es posible preservar la paz.

Mientras seguía ayer la votación, tranquila, sin incidentes, leo, releo y vuelvo a leer un segundo artículo recientemente escrito por el secretario Almagro sobre Venezuela. Mientras digiero, confieso con dificultad, cada párrafo salta a mi memoria “Two Face” el supervillano que desde hace décadas enfrenta a Batman debatiéndose entre el bien y el mal. Recuerdo su frase favorita: “Mueres siendo un héroe o vives lo suficiente para convertirte en un villano”.

Almagro continúa mutando al profundizar su crítica a la oposición venezolana que “prefiere la nada antes que ceder y renunciar a la posibilidad de tener todo” e insiste en la tesis de cohabitación y cogobierno en Venezuela. Refiere que hay gente que se está beneficiando con las cosas como están recalcando que hay opositores que “va a perder mucho o va a dejar de ganar mucho si esto se termina” para precisar que “los políticos venezolanos que se oponen al régimen pueden seguir esperando a que Maduro un día les dejé ganar una elección”. Nada que no hayamos afirmado antes.

Sugiero a nuestro liderazgo que analicemos bien este nueva reflexión de la cara buena del secretario general de la OEA pero que a la par miremos a los chilenos que nos enseñan una y otra vez que es votando y consensuando como se disputa el poder, y el deseo de servir -teórica motivación de quienes hacemos política-, preservando la paz.

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