Desde su descubrimiento, la sal pasó a ser una de las grandes aliadas de la cocina, realza los sabores, equilibra los platos, ayuda a conservar los alimentos y mejora la textura de lo que horneamos.
SÍGUENOS EN INSTAGRAM: [CLIC AQUI]
El papel de la sal, además, va más allá del sabor, está compuesta por sodio y cloro. Y nuestro cuerpo necesita del primero para mantener el equilibrio de líquidos, regular la presión arterial y permitir que músculos y nervios funcionen bien.
Cuando hablamos de sal, hay dos cosas que vale la pena separar. La primera es el tipo. La sal de mesa refinada es un producto altamente procesado al que se le retiran los minerales naturales y se le añaden yodo y antiaglomerantes para evitar grumos; estos últimos han sido relacionados con cáncer y enfermedades neurológicas.
LEA TAMBIÉN: EL HORÓSCOPO DE ADRIANA AZZI DEL 7 AL 13 DE JUNIO 2026
La segunda, y quizás la más importante, es la fuente, cerca del 70 % del sodio que consumimos no viene del salero, sino de los alimentos ultraprocesados, que las empresas cargan de sodio para conservarlos y potenciar su sabor.
No no se trata de temerle a la sal, sino de elegir mejor la que usamos y prestarle atención a lo que ya viene cargado de ella.
¿CON CUÁL SAL DEBO COCINAR ENTONCES?
Actualmente muchas opciones, está la rosada, marina, kosher, céltica, negra, entre otras. Pero si buscas alternativas fáciles de encontrar en supermercados venezolanos, te recomendamos la sal rosada y la sal marina por encima de la sal de mesa.
Ambas son menos procesadas, la marina se obtiene evaporando agua de mar y la rosada se extrae directamente de minas, por lo que conservan sus minerales y un sabor más natural.
Al comprar la sal, fíjate en tres cosas: los ingredientes en la etiqueta, la textura (más fina o escamosa según el uso) y el tamaño del grano, que influye en qué tan salado queda el plato.
ESTAMOS EN WHATSAPP: [EMPIEZA A SEGUIRNOS YA]
SUSCRÍBETE A NUESTRO CANAL DE YOUTUBE
ÚNETE A NUESTRO TELEGRAM AQUÍ
