Historia de un crimen: El secuestro y asesinato de los hermanos Faddoul

El secuestro y asesinato de los hermanos Faddoul +Cronología

Los hermanos Faddoul Diab provenían de una familia de buena posición económica en Venezuela. Su padre Hanna Faddoul, canadiense de origen libanés, era un comerciante con posesión de bienes y negocios prósperos en la capital venezolana.

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El día 23 de febrero del año 2006 alrededor de las 6:30am los hermanos, John Bryan (17), Kevin José (13) –quien era minusválido- y Jason Sarkis (12), salieron de su casa “Quinta Mis Tres Amores” ubicada en la urbanización Terrazas de Bella Vista con dirección al colegio “Nuestra Señora del Valle” situado en la avenida principal de Vista Alegre, en Caracas. Los tres menores iban en compañía de su chofer Miguel Rivas de 32 años de edad.

Cuando iban llegando al colegio, Rivas notó que había una alcabala de la Policía Metropolitana situada a unos pocos metros de su destino.

En dicha alcabala habían funcionarios vestidos de azul marino con insignias alusivas al extinto cuerpo policial, haciendo una “requisa” a un auto modelo Toyota Camry, que estaba a un lado de la carretera. Estos supuestos policías abordaron el automóvil, modelo Fiat Uno, y efectuaron el secuestro de los menores y su chofer.

Aproximadamente a las 7:30am, los maleantes se dirigieron hacia Los Valles del Tuy, estado Miranda. Allí los cambiaron de vehículo y en él los trasladaron a Santa Teresa del Tuy, lugar en donde permanecieron la mayor parte de su cautiverio.

A las 12:00m uno de los secuestradores, con acento colombiano, hizo una llamada telefónica al señor Hanna Faddoul, padre de los menores, en la que le informaba del secuestro y le exigía una suma de 10mil millones de bolívares (4,6 millones de dólares aproximadamente).

El señor Faddoul quedó escandalizado por la cantidad exorbitante que pedían los secuestradores y les dijo que no poseía ese dinero, a lo que el secuestrador le respondió “sé que tienes siete negocios, una casa y una lancha en Puerto La Cruz”, dando a entender que tenía bienes que valían mucho dinero y que podía pagarlos.

Ese mismo día los vecinos del sector, dijeron a las autoridades que en horas de la mañana vieron una alcabala de la Policía Metropolitana, a pesar de que admitieron que regularmente en esa urbanización habían puntos de control o alcabalas, expresaron que la actitud de los funcionarios era un poco extraña.

Durante los siguientes días los padres y el abogado de la familia, recibieron reiteradas llamadas de los secuestradores exigiéndoles el pago del rescate.

Generalmente las llamadas eran entre las 12:00m y las 2:00pm. Los Faddoul estaban constantemente agilizando la búsqueda de los millones de bolívares que pedían, entre préstamos de amigos y venta de propiedades.

El 12 de marzo del mismo año, los maleantes hicieron una llamada al señor Hanna Faddoul en la que le informaron que le darían una fe de vida de sus hijos y Rivas.

Le ordenaron ir hasta la avenida Boyacá; allí en una curva, debajo de un parabrisas de automóvil que se encontraba en el suelo, había un vídeo de los tres menores y el chofer; dando como prueba de que aún seguían con vida y exigiéndoles además que efectuaran el pago del dinero en los próximos 6 días.

Durante el mes de marzo se realizaron diferentes manifestaciones en Caracas y el interior del país, para exigir la liberación de los hermanos Faddoul y su chofer Rivas. Además de exhortar al gobierno a que cumpliera con su deber para rescatar a las víctimas y esclarecer el hecho.

El 23 de marzo, un mes después del secuestro la madre de los jóvenes, Gladys Diab de Faddoul, mandó a los medios de comunicación una carta a los secuestradores de sus hijos que decía entre otras cosas, que los perdonaba y que estaba aferrada a su fe, por lo que pedía misericordia para sus hijos y su chofer.

Entre el 23 de febrero (día del secuestro) y el 1 de abril, los secuestradores hicieron múltiples llamadas a la familia; los cuales lograron negociar y rebajar el monto del dinero que estaban pidiendo por el rescate, de 10 mil millones de bolívares (4,6 millones de dólares) a 500 millones de bolívares (250 mil dólares aprox).

El 1 de abril se coordinó la entrega del dinero. José Diab, tío materno de las víctimas, fue el encargado de realizar el procedimiento. Diab manejó a diferentes zonas de la ciudad, las cuales eran indicadas por los secuestradores, pero cuando estaba a punto de hacer la entrega, los sujetos se dieron marcha atrás y no pudieron concretarla.

Posteriormente, según testigos, se conoció que los sujetos fueron alertados por sus cómplices, de que la familia estaba siendo apoyada por la policía al momento de la entrega, lo que violaba las indicaciones que les habían dado. Además la presencia de los cuerpos policiales significaba un riesgo para ellos (secuestradores), por lo que decidieron no realizar el intercambio ese día.

El 2 de abril los secuestradores llamaron nuevamente a la familia para pedir el rescate, pero esta vez pidieron hablar con la madre de los chicos, Gladys Diab, a la cual le insistieron que debían pagar el rescate en las próximas horas.

Sin embargo el día 4 de abril del 2006 en el sector El Lechozal de San Francisco de Yare, fueron encontrados cuatro cuerpos en estado de descomposición. Los familiares identificaron los cadáveres de los tres menores; John, Kevin y Jason; y de su chofer Miguel Rivas.

Según la autopsia las víctimas murieron a causa de un impacto de bala en el cráneo y su data de muerte era de 72h aproximadamente. Es decir, los menores, que aún llevaban puesto su uniforme escolar; fueron asesinados entre el 31 de marzo y el 1 de abril.

Tras conocerse los hechos, la noticia fue primera plana en todos los periódicos y se hablaba del suceso en todos los medios de comunicación. Se rumoraba que la entrega fallida dio pie a que las víctimas fueran asesinadas a sangre fría.

El Ministro de Interior y Justicia para ese momento, Jesse Chacón, se dirigió al país a través de una alocución televisiva, en la que afirmó que “los responsables serían atrapados y enjuiciados”.

Este hallazgo dio pie para más manifestaciones, una de ellas iniciada por estudiantes universitarios, en la que fue asesinado el reportero gráfico Jorge Aguirre mientras cubría la protesta en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Aguirre fue asesinado a balas por un supuesto Policía Metropolitano a bordo de una moto.

Horas después de encontrar los cuerpos, se conoció que varios funcionarios de la Policía Metropolitana estaban implicados en el hecho, en complicidad con otros delincuentes.

Posteriormente se conoció que habían alrededor de 30 personas implicadas en el secuestro, que recibirían una compensación monetaria por su participación.

Entre personas que ayudaban a preparar la comida que les daban a las víctimas y otras tantas que se deshicieron de evidencia física.

Una de esas personas implicadas fue Julia Charte Tovar, alias “La Chiqui” quien sirvió como testigo del caso. La mujer de 38 años de edad, era quien suministraba la comida a los secuestrados durante los casi 40 días de cautiverio. “La Chiqui” dijo a las autoridades que ella había estado presente en el momento en el que se llevó a cabo la ejecución de las víctimas. Narró que horas antes del asesinato ella les había dado arroz con atún y una bebida alcohólica.

Según su versión de los hechos, dijo que un sujeto apodado “El Colombiano” los tenía amarrados y acostados boca abajo en el piso.

Aproximadamente a las 5pm el sujeto recibió una llamada telefónica que lo alteró y empezó a vociferar insultos y a discutir con todos los que estaban presentes.

Según Charte, “El Colombiano” les dijo a los hermanos Faddoul, “su mamá es una maldita árabe, no quiere dar rial, los entregó… ¿Saben que dijo? Que su religión no les permitía dar dinero, pero que de todas maneras le pusieran una estampita cuando los mataran”. “El Colombiano” estaba en compañía de dos sujetos identificados como Anexis Febres Hernandez y Yeiber García Perozo; quienes tenían en sus manos unas escopetas. Luego del momento de cólera “El Colombiano” les ordenó asesinar a las víctimas.

Al día siguiente el hombre llamó a la familia para seguir pidiendo el rescate, aún sabiendo que las cuatro víctimas ya habían sido asesinadas.

En investigaciones posteriores se logró dar con la aprehensión de más de 20 personas implicadas en el secuestro. Entre ellas estaban cuatro Policías Metropolitanos identificados como: Carlos Talavera, Jean Carlos Rodríguez, Francisco Gudiño y Maikel Alexander Monsalve.

Además de los funcionarios fueron apresados y condenados Yeiber Miller García Perozo (autor material), Anexi Yuliano Febres (autor material), Yilber Marghi García Perozo (hermano de Yeiber), Luis Eduardo Contreras, considerado como el autor intelectual, entre otras 13 personas más, quienes fueron condenadas a la pena máxima de 30 años en prisión.

A su vez Julia Charte “La Chiqui”, por ser la única que colaboró con la policía, obtuvo una condena más baja de 12 años en prisión.

Sin embargo no todos los implicados en el caso Faddoul-Rivas fueron apresados y sentenciados los días próximos.

Recién en el año 2015, nueve años después del suceso, un hombre identificado como Lennon Gandica Reina, alias “El Gordo Lennon” fue apresado por funcionarios de la Policía de Aragua por varios delitos, entre ellos, la supuesta participación en el secuestro y asesinato de los hermanos Faddoul.

Además, según las autoridades, “El Gordo Lennon” también estuvo involucrado en el secuestro y asesinato del empresario ítalo-venezolano Filippo Sindoni, en el mismo año (2006). Un mes después de ser apresado “El Gordo Lennon” fue asfixiado por unos reclusos en una penitenciaría de Maracay, estado Aragua.

En el año 2018 un sujeto identificado como Samuel García Coronil alias “El Samuelito”, fue dado de baja por una comisión de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES). Según las investigaciones del organismo, “El Samuelito” también habría participado en el secuestro y homicidio de los hermanos Faddoul y Miguel Rivas.

El pasado 23 de febrero del 2021 se cumplieron 15 años del trágico secuestro de los menores.

El caso de los hermanos Faddoul y su chofer Miguel Rivas, fue un hecho que conmocionó a toda Venezuela por la manera tan fría y despreciable en la que sucedió y además el hecho de estar involucrados funcionarios que, se supone, debían proteger y garantizar la integridad de las víctimas.

Es un suceso que no ha podido ser olvidado y que hoy en día sigue estando registrado en la mente de millones de venezolanos.

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