Menos alcabalas, más tranquilidad | Por: David Uzcátegui
Hay una tendencia muy venezolana a desconfiar de todo lo que parezca demasiado pequeño frente al tamaño de nuestros problemas. Si un acuerdo no resuelve todo, entonces no sirve.
Por: David Uzcátegui
En política, especialmente cuando se intenta salir de una crisis prolongada, los avances rara vez llegan completos. A veces aparecen como una puerta que se abre apenas unos centímetros. Y cuando eso ocurre, lo sensato no es quedarse afuera reclamando que debería estar completamente abierta. Lo sensato es pasar por la abertura y tratar de ampliarla.
Eso es lo que, a mi juicio, merece atención en el segundo ciclo de conversaciones entre el Gobierno venezolano y un sector de la oposición, concluido el 25 de septiembre.
No estamos ante la solución de la crisis venezolana. Tampoco están resueltos los asuntos fundamentales. La mesa no representa a todos los sectores de la oposición y, hasta ahora, no existe una fecha definida para unas elecciones presidenciales. Pero una negociación no debería medirse solamente por lo que todavía no consiguió. En esta segunda ronda aparecieron sobre la mesa asuntos que hasta hace poco parecían mucho más difíciles de discutir conjuntamente.
Gobierno y oposición acordaron acompañar la ampliación del desbloqueo de portales de noticias, páginas web y medios electrónicos. También acordaron discutir el uso del espectro radioeléctrico y revisar instrumentos legales relacionados con la libertad de expresión. Y avanzaron en la creación de un consejo de juristas que revisará las credenciales de quienes aspiren a convertirse en magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, como parte del compromiso de renovar ese tribunal. No es poca cosa.
Durante años, el acceso a información en Venezuela ha estado condicionado por bloqueos y restricciones. Y esto no es solamente una discusión sobre libertad de expresión. Una sociedad que no puede acceder libremente a información diversa tiene dificultades para contrastar versiones, deliberar y tomar decisiones.
Los datos de VE sin Filtro ayudan a dimensionar el problema. Al 25 de septiembre, la organización registraba 167 dominios todavía bloqueados y 84 desbloqueados desde el 16 de septiembre, aunque las restricciones varían según el proveedor y la técnica utilizada. La propia organización ha advertido que el cumplimiento debe medirse con resultados verificables y que todavía existen numerosos sitios restringidos. Hay, entonces, un avance. Pero también queda mucho por hacer.
Una negociación es un proceso. Se construye con concesiones, mecanismos de verificación, compromisos sucesivos y, sobre todo, con la capacidad de mantener abierta la conversación cuando todavía existen profundas diferencias.
Quizás uno de los elementos más importantes de esta ronda sea precisamente ese: las partes acordaron mecanismos para darle seguimiento a lo pactado. En el primer ciclo se planteó la renovación del TSJ; ahora se avanzó en una estructura para evaluar a los postulados. En materia de libertad de expresión, se instaló una mesa técnica y una comisión paritaria de seguimiento.
El escepticismo, por supuesto, tiene razones. Venezuela tiene una larga historia de diálogos que comenzaron con expectativas y terminaron sin resolver la crisis. Por eso nadie debería confundir conversación con transición, un desbloqueo de páginas web con libertad de expresión plena, ni la discusión sobre el TSJ con independencia judicial garantizada. Pero tampoco deberíamos caer en el extremo contrario: considerar irrelevante cualquier avance porque todavía falta demasiado.
La política nos ha enseñado que las oportunidades de cambio rara vez aparecen en condiciones ideales. Surgen cuando las circunstancias permiten una pequeña apertura y obligan a los actores a decidir qué hacer con ella. Hay que meterse por la puerta que se abre. No porque esa puerta sea suficiente. No porque debamos conformarnos con ella. Precisamente porque una vez dentro existe la posibilidad de abrir otras.
La próxima ronda está prevista para mediados de octubre. Será entonces cuando habrá que observar si lo acordado se cumple, si los desbloqueos continúan, si las discusiones sobre las leyes de comunicación producen resultados y si la renovación del TSJ avanza con criterios que puedan ser examinados públicamente.
Y habrá que seguir preguntando por lo que todavía no está sobre la mesa con la claridad necesaria: las garantías políticas, la participación de todos los sectores, y, fundamentalmente, el camino hacia unas elecciones con condiciones verificables. Pero una cosa no debería excluir a la otra.
En política, a veces el avance no tiene la forma de una gran victoria. A veces es apenas un primer paso. Y un primer paso no es el destino, pero demuestra que todavía existe un camino.
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