Jorge Rodríguez: "No diría que es una transición lo que se está viviendo"
El País de España entrevistó en exclusiva a Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y hermano de Delcy Rodríguez, la presidenta encargada de Venezuela.
Por: El País de España
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Tras 100 días del ataque a Caracas por parte de Estados Unidos que llevó a Maduro y a su esposa Cilia Flores a la cárcel en Nueva York, con un saldo de más de 120 víctimas.
En ese periodo, Venezuela ha reformado leyes para facilitar la entrada de capital extranjero, mantiene contactos con Washington y aprobó una ley de amnistía que liberó a miles de presos. Aunque quedan aún detenidos o sin libertad plena.
En medio de ese giro, Maduro y su círculo llegan a verse eclipsados por las urgencias de la economía y la gobernabilidad.
Las leyes, como la de hidrocarburos o minas, se reforman con rapidez para facilitar la entrada de capital extranjero; el chavismo antiimperialista mantiene contactos constantes con Washington; se aprobó una ley de amnistía que ha liberado a miles de presos —aunque sigue habiendo encarcelados o políticos sin libertad plena— y el nombre de Maduro empieza a diluirse entre urgencias más inmediatas.
Jorge Rodríguez (Barquisimeto, 60 años), presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y el segundo dirigente más importante del país después de su hermana, la presidenta Delcy Rodríguez, prefiere el término que esta acuñó —“un nuevo momento político”— para referirse a los actuales acontecimientos antes que hablar de transición.
Rodríguez aparece a las cinco de la tarde del viernes en uno de los salones nobles del Parlamento vestido de lino, casual. Después de la entrevista saldrá hacia unas cuadras de ahí, al Palacio Miraflores, donde le espera una reunión con su hermana y presidenta, para abordar la lista de asuntos que apremian al país. El levantamiento de sanciones, la fragilidad de la economía, la llegada de inversiones, el impulso a la producción petrolera o la búsqueda de una base política capaz de contrarrestar a la oposición que encabeza María Corina Machado.
Rodríguez es un negociador experimentado y esquivo ante las preguntas más incómodas: evita concretar plazos sobre unas eventuales elecciones, niega intervención directa de Estados Unidos en las decisiones del país y prefiere dejar en el aire el destino de Machado, a la que acusa de haber promovido los ataques de Washington. Rodríguez se declara convencido de que la mayoría de los venezolanos respalda el rumbo actual. Es difícil medirlo. Su principal preocupación, en todo caso, coincide con la de un país exhausto: cómo reactivar la economía.
Psiquiatra de formación, Rodríguez mide los tiempos y cada palabra. También el momento político: su hermana, con el respaldo explícito de Donald Trump, parece dispuesta a consolidarse más allá de una transición corta. Unas nuevas elecciones con garantías —tras las presidenciales de julio de 2024, en las que Maduro se autoproclamó ganador entre acusaciones de fraude y sin reconocimiento internacional, y las legislativas de 2025, que consolidaron una Asamblea Nacional afín con escasa participación opositora— no aparecen en el horizonte.
Respuesta. Estoy seguro de que no en lo que tiene que ver con los mandos políticos y militares. De hecho, la entonces vicepresidenta Rodríguez estuvo trabajando con el presidente Maduro hasta el día 2 a las ocho de la noche. Ese mismo día a las 22 yo conversé telefónicamente con él. Entiendo yo que Diosdado también estuvo en contacto permanente con él en esas horas y, si hubiera ocurrido un evento de la naturaleza que está señalando, seguramente a esta hora ya se sabría.
R. No, no, yo tengo la responsabilidad que la Constitución me establece.
R. Lo que estamos haciendo todos nosotros, y me refiero al chavismo, es ponernos de acuerdo en la necesidad de cuidar y defender la paz junto con la soberanía y la independencia de Venezuela. Ahorita mantenemos unas relaciones con el Gobierno del presidente Trump basadas en el respeto, en la cooperación y en la necesidad de que avancemos en la economía, en incrementar la producción petrolera y también adaptar las condiciones de nuestras leyes para que esos procesos, que sin duda incluyen inversión extranjera, puedan avanzar.
R. Yo creo que de los traumas se sacan muchos aprendizajes y muchas enseñanzas. Un sociólogo le hablaría de lo bueno de las crisis, pero como yo soy psiquiatra, prefiero hablar del concepto de trauma. De un evento tan traumático como el que vivimos hemos aprendido muchas cosas. Lo primero creo que es la necesidad de no ver al otro como un enemigo. Cuando en política empiezas a ver al adversario como un enemigo, la brecha se hace muchísimo mayor y se pasa por el no reconocimiento. Una de las pequeñas o grandes tragedias que vive la política venezolana es que los chavistas somos malos perdedores, pero los opositores son pésimos ganadores.
R. Primero, la economía. Venezuela viene de una situación gravísima de bloqueo de sanciones en el pasado que generó un verdadero desmantelamiento del tejido económico del país. También, una situación que no se la deseo a nadie, que es la hiperinflación. Por supuesto, también hubo acciones inescrupulosas de algunos que recurrieron a las formas más espantosas de corrupción. Nosotros tenemos que reconocer nuestros errores, porque si no lo hacemos podemos correr el riesgo de volver a repetir ese problema.
R. Uno es la ausencia de reconocimiento entre los sectores políticos de Venezuela. En segundo lugar, la ausencia de garantías verdaderas. Porque cada vez que nos hemos sentado, siempre nos olvidamos del párrafo que debe tener todo acuerdo que se haga con estos sectores políticos sobre cuáles son las garantías que vamos a tener después de un determinado evento, sea social, sea político, sea económico, sea electoral. Y, en tercer lugar, el combate contra la corrupción tiene que ser algo draconiano. ¿Cómo es posible que en un momento, como en el año 2020, donde teníamos tantísimas dificultades económicas, algunos ministros o directivos de PDVSA se dedicaran a robarse la poquita plata que había? Creo que también este proceso de amnistía pasa por que nosotros avancemos hacia el respeto a la diferencia. También creo que los maximalismos en ocasiones generan una sensación de arrogancia que tenemos que superar en todos los sectores. Lo que hace bien es hablar, hablar, hablar y, sobre todo, escuchar.
R. No lo está. Lo que sí hay es una relación de cooperación, un proceso que nosotros quisiéramos que fuera más rápido, como es ir levantando de manera paulatina las sanciones a la industria petrolera y al sistema financiero venezolano. Eso sin duda va a generar un aumento de la inversión extranjera en petróleo, en minas, en gas, en servicios. Todo eso forma parte de todo este proceso de conversaciones.
R. Se lo digo con absoluto conocimiento, porque el encargado del diálogo político por parte del chavismo soy yo: nada. Hasta ahora, ni una sola vez nos han dicho: ‘Tal día deben hacer esta cosa, tal otro día deben hacer esta otra cosa’. Ni una sola vez ni un solo funcionario de Estados Unidos nos ha dicho: ‘Mire, apruebe la ley tal día’. Además, sería violatorio de esta Constitución.
R. Claro que puede haber sugerencias y las ha habido. Nosotros no tenemos ningún tipo de complejo, pero no solamente de los estadounidenses. Repsol también envió sus sugerencias para la Ley de Hidrocarburos y en algunas tenían razón. Nadie va a venir a poner su dinero si no tiene la suficiente garantía o base legal. Nosotros nos dimos cuenta de que estábamos por detrás de todos los otros productores de petróleo y de gas del mundo en materia de atracción de inversión extranjera. ¿Y quién iba a venir solamente con las buenas intenciones a invertir en Venezuela? Venezuela se está poniendo bastante sexy desde el punto de vista de la posibilidad de inversiones extranjeras.
R. Prefiero la que usa la presidenta Rodríguez, que es un nuevo tiempo político, que pasa por restañar las heridas de la guerra económica. Hay que producir con mucha rapidez más petróleo para tener más dinero, para poder recuperar un estado de bienestar con el que los venezolanos aprendimos a vivir en los tiempos del gobierno del comandante Chávez y en las primeras etapas del gobierno del presidente Maduro.
R. No, lo que sí creo es que este nuevo tiempo político nos va a conducir a un cronograma de acción política que pasa por llegar a acuerdos, por trabajar para fortalecer las instituciones del Estado y a una realidad institucional del país que luego nos lleve a organizar las elecciones que haya que organizar.
R. No podría expresarlo numéricamente porque estamos haciendo lo que creemos que se debe hacer. Si no pensáramos que estamos haciendo lo que creemos que se debe hacer, nos vamos, y que venga otro.
R. Con toda franqueza y con toda sinceridad, después de un hecho tan traumático como el del 3 de enero, la relación con el gobierno del presidente Trump ha sido de respeto y de cooperación. Las cosas hay que decirlas como son. Las llamadas han estado basadas en el respeto y en la necesidad de sacar adelante planes comunes.
R. Lo más importante ahorita es la economía. Es necesario que la economía venezolana avance hacia un dinamismo tal que la población sienta que todo este proceso valió la pena. Luego, estamos en un proceso de diálogo profundo con todos los factores de la oposición que se mantengan dentro de los cauces de la Constitución, incluso con sectores que viven en el exterior. No podría decirles exactamente cuándo, ni siquiera cuál va a ser la primera elección, porque hay mucho que hacer. Otra cosa que hay que hacer es que todas y todos podamos confiar en el árbitro electoral que organice esas elecciones; eso es muy anterior a la organización propia de la elección.
R. No podría, pero con absoluta franqueza les digo que estamos promoviendo cambios de manera acelerada para que la gente sienta que las instituciones democráticas del país funcionan adecuadamente a efectos de cualquier eventualidad electoral.
R. Ese sector que está promoviendo que todo pase de manera inmediata no está jugando sino con cartas marcadas, tratando de llevar las cosas a una situación anterior a la que estamos tratando de construir en este momento. Una situación donde la confrontación sea máxima, donde volvamos a estar en una situación de extrema polarización. Creo que lo que siente todo el pueblo de Venezuela es: ‘Bueno, ya vamos a dejar de pelear y vamos a ver si podemos avanzar y organizar unas elecciones en paz y que los resultados no signifiquen un trauma para nadie’.
R. Que les aproveche.
R. Si revisan la Ley de Amnistía, se enumeraron 34 situaciones que generaron violencia y distorsión de la paz. Una sola se quedó fuera, que era la convocatoria e invasión del país y la convocatoria a golpes de Estado. Está resultando, no quiero ser insultante, bastante borbónica la señora Machado, porque pareciera que no haya aprendido nada y ella persiste en su planteamiento de que sea la violencia la que se imponga, de que sea el concepto de tierra arrasada, una cosa de la que nadie en Venezuela está hablando en este momento.
R. Yo soy diputado, no soy yo quien puede dar esa respuesta.
R. Que les aproveche.
R. No. Hemos hablado de petróleo, de gas, de minas, de inversiones, de que Venezuela pueda comprar rápidamente a Estados Unidos equipamiento médico para los hospitales del país, de que pueda comprar equipamiento para mejorar y modernizar la industria petrolera. De eso es de lo que hemos hablado. No tenemos mucho tiempo para hablar de otras cosas.
R. Yo creo que todas y todos tenemos que incluirnos en este plan. Pero tienen que quererlo. El que quiere besar busca la boca. Si insistes y persistes en que no, en que hay que arrasar con todo, en que bombardeen otra vez, entonces hay un proceso de autoexclusión. Aquí hay gente, lo sabrán en los próximos días, que estuvo en una situación similar y está dispuesta a venirse a Venezuela a participar en los procesos de diálogo y a buscar un acuerdo que nos conduzca a un cronograma electoral.
R. Porque se cometieron errores que no se debieron haber cometido, sin duda alguna. Y todos somos sujetos de ese error. Y no tenemos ningún tipo de complejo, no solamente en reconocerlo, sino que la presidenta Rodríguez y yo fuimos de los primeros en que solicitamos perdón.
R. Venezuela fue la primera exportadora de telenovelas, pero ustedes los españoles se las metieron en las venas. Eso es completamente falso. El chavismo está más unido que nunca. Antes decían que Maduro y Diosdado, ahorita que los Rodríguez. Nuestra aspiración es que esa cohesión se amplíe más hacia otros sectores de la sociedad venezolana.
R. Yo creo que esa pregunta tienen que hacérsela al fiscal de la República.
R. No tenga ninguna duda de que, si una persona es detenida, no es por razones de purgas ni por razones políticas, sino porque en algún momento incumplió con alguno de los proyectos establecidos en el Código Penal de Venezuela.
R. Sin ánimo de insistir en el drama, cuando hay un presidente en funciones en cualquier país del mundo, lo lógico es que incorpore los cambios que tenga que hacer, más aún cuando la presidenta Rodríguez el primer día, en su primera alocución la tarde del 3 de enero, dijo: “Estamos en un nuevo tiempo”. Eso no es retórica. Y si revisan el perfil de las personas nombradas, se nota que ha tratado de profundizar en las capacidades y las credenciales, que ha abierto la puerta también a personas de la oposición… Estamos en la búsqueda de la excelencia. Los cambios son normales.
R. Creo que va bien. He visto con complacencia sobre todo las declaraciones del canciller [José Manuel] Albares. España tiene un embajador extraordinario y plenipotenciario en la amistad con Venezuela, que es el presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Alguna vez se sabrá todo lo que Zapatero ha hecho por la paz de Venezuela, todo lo que ha hecho sobre todo por los sectores opositores; los mismos que lo escrachan en los restaurantes, los que le insultan, y se aprovechan, como diría el Chapulín Colorado, de su nobleza. Creo también que Europa es muy lenta. Nosotros vamos rápido y estamos trabajando aceleradamente para que todas y todos sintamos que cabemos en este país. Veo una muy auspiciosa oportunidad para que Venezuela y Europa se acerquen aún más.
R. Para ajustarse a este tiempo nuevo que estamos viviendo. Aquí tenemos a las cuatro empresas petroleras más grandes de Europa; se quedaron en las situaciones más difíciles y en este momento están aceleradamente trabajando. Siento que las empresas privadas se están ajustando más rápidamente a estos cambios que los gobiernos.
R. Yo creo que la libertad de expresión, que además es un principio constitucional, tiene que respetarse de manera irrestricta, a pesar de que opino que, cada vez más, los medios de comunicación han abandonado su condición de ser imparciales. Y lo que hacen es más una lucha de posiciones encontradas que la búsqueda de la verdad. Pero aun en esa condición, tiene que respetarse de manera irrestricta la libertad de expresión.
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